miércoles, 19 de octubre de 2011

EN MI QUERIDA OFICINA

Siete de la mañana,
feliz y contento
salgo a la calle
duchadito y fresco.
Camino tranquilo
a la estación de metro
donde saco el libro
en el anden desierto.

Y leo tranquilo,
el corto trayecto
que hay entre casa
y el puto currelo.
Salgo del vagón
y ya no me siento
ni feliz, ni contento
ni duchado ni fresco.

Ficho en la oficina
y estoy como muerto
que sitio agobiante
insano e infecto.
Comienza el run-run
sordo y discreto,
mil voces critican,
voces sin cerebro
que no se dan cuenta
de sus privilegios.
No existen deberes
tan solo derechos.

Vivir como reyes,
sueldos opulentos,
horario flexible,
exigencia cero.
Cuando me preguntan
rubores yo siento
de ser funcionario
en estos negros tiempos.

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